Sore Vega Sandín

Psicólogue, activista transfeminista.

Actualmente realizo el Doctorado del Programa Persona y Sociedad en el Mundo Contemporáneo del Departamento de Psicología Social de la Facultad de Psicología de la UAB sobre la construcción de la subjetividad y estrategias de resistencia de las personas no binarias.

Licenciatura en Psicología por la UAB; Máster en Terapia Cognitivo-Social por la UB; Postgrado en Terapia Breve Estratégica por la UdG; Máster en Coaching y PNL por el Instituto Gestalt de Barcelona.
Impulsore y psicólogue del Servicio TRÀNSIT de la Sanidad Pública Catalana durante 8 años, acompañando en procesos terapéuticos a más de 500 personas trans y no binarias.

Actualmente ejerzo en la consulta privada como psicoterapeuta, supervisore y formadore en temática trans* y no binaria en varios Masters universitarios.

Colaboradore de ARELAS en la atención a jóvenes trans.

Contacto: sorevegasandin@gmail.com 669 212 862

A modo de introducción, es conveniente clarificar que cuando hablamos de la violencia contra las mujeres trans estamos hablando de un tipo de violencia machista y transfóbica: esto quiere decir que se mezcla la violencia por ser mujer y el acoso por ser persona trans. Podríamos definir la violencia contra las mujeres como todo acto de violencia perpetrado contra ellas que causa daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico. Esto puede incluir violencia verbal -gritos, insultos, gestos obscenos-, abuso sexual y otras formas de agresividad, que pueden incluir la violencia simbólica: miradas, gestos, cuchicheos y otras formas de humillación. Todo ello lleva a la víctima a vivir una experiencia traumática que impide la libertad y violenta la dignidad.

Es urgente señalar, a pesar de lo evidente, que la sociedad todavía sigue ocultando, minimizando y naturalizando estas violencias, justificándolas como un producto de nuestra sociedad sexista. Banalizando, de esta forma, el sufrimiento que la mujer experimenta en su propia piel, invisibilizando los efectos de estas violencias. A esto, se debe añadir que las mujeres trans suelen estar objetivizadas, fetichizadas y deshumanizadas.

Las violencias hacia las mujeres trans no deben entenderse como sucesos aislados, ni atribuirlos exclusivamente a rasgos singulares o propios de la condición trans, sino que tiene sus raíces en un sistema social establecido que mantiene la desigualdad social entre hombres y mujeres, entre personas CIS -personas conformes con el género asignado al nacer- y Trans. Estamos hablando de violencia sistémica.

Hay que evidenciar, que todas estas formas de violencia constituyen delito y que puede ser castigado por la ley si se decide denunciarlo. Y digo esto último porque muchas veces las mujeres trans, para evitar una re victimización y/o evitar situaciones de transfobia institucional, deciden no ir por la vía legal.

Las consecuencias psicológicas que estas violencias desencadenan, son devastadoras para la regulación emocional de la persona que lo sufre: ansiedad, depresión, disociación (producto del trauma vivido), estados de hipervigilancia, sentimientos de culpa y vergüenza, altos niveles de disforia corporal, tendencias suicidas, baja autoestima, aislamiento repentino, dificultad para hacer frente a la cotidianidad, miedo, rabia, parálisis, desesperanza, etc.

Por lo tanto, ¿Qué es lo que puede hacer una mujer que ha recibido violencia para proteger su salud psicológica y qué especificidades aparecen cuándo nos referimos a mujeres trans?

Hay que pasar del maltrato al buen trato. Esto significa que la persona tome conciencia de cuál es el problema real: la sociedad, se empodere, tome sentido de seguridad, supone también capacitarse para desarrollar estrategias que potencien la autonomía, autoestima y visión de futuro crítico y afirmativo. Algunos ejemplos que apunten en esta línea serían:

Acompañamiento terapéutico transpositivo: la terapia se va a convertir en el antídoto contra el sufrimiento y malestar provocados por la situación de violencia. En este punto, hay que clarificar que no todas las personas viven situaciones de violencia de la misma manera, ni quiere decir que todas vayan a desencadenar la sintomatología que estamos señalando. Hecha esta apreciación podemos decir que, cuando se necesite acompañamiento, nos tenemos que asegurar que sea transpositivo. Esto quiere decir que incluya una visión amplia del género, de aquello que significa ser mujer. Esto va a permitir centrar el trabajo en los asuntos importantes como son los sentimientos de culpa y vergüenza y un posible aumento de la disforia corporal; aplicar técnicas de resignificación del trauma vivido; psicoeducación sobre la neuroplasticidad y potenciarla; técnicas de mindfullnes -conexión con el propio cuerpo a través de la respiración consciente y compasiva -, etc.

Elaborar el propio Kit de supervivencia: nos va a servir para estabilizar los síntomas propios del estrés post traumático. Este contiene una lista de aquellas actividades que me generan estados de tranquilidad y conexión conmigo. Estamos hablando de cosas sencillas como darse un baño, un paseo escuchando mi música favorita o sonidos que me relajen, llamar a une amigue, tener objetos como piedras o minerales que me tranquilicen al tener contacto con ellos, tener una gama de olores que me conecten con momentos potenciadores, confeccionar una lista de personas para las que soy importante o una lista de buenos acontecimientos, de las capacidades y logros, de experiencias difíciles vividas y superadas gracias a mi dedicación, esfuerzo y saber hacer. Celebrar cada pequeño paso conseguido en el avance hacia la recuperación. Podemos seguir añadiendo recursos propios que ya habíamos utilizado en otras situaciones difíciles pasadas y que hemos dejado abandonados en el cajón de la memoria. Es sorprendente la cantidad de recursos en desuso que podemos llegar a tener y olvidamos que están ahí. Se trata de acceder de nuevo a ellos y ponerlos a trabajar para nosotres.

Medidas de autocuidado. Esto implica tener conciencia de nuestros límites, y de nuestras necesidades, de que no somos omnipotentes y que todas las desigualdades tienen una mejor resolución si se afrontan colectivamente: acudir a asociaciones trans y LGTBIQ, grupo de amistades y familiares, construcción de redes comunitarias y afectivas, etc.

El entorno también puede ayudar. Acompañar de manera respetuosa, sin emitir juicios sobre lo sucedido, simplemente escuchando de manera activa para dar espacio a las emociones vividas. Esta actitud abierta y positiva hacia las emociones expresadas por la persona va a generar un espacio de validación de la propia experiencia y, consiguientemente de la propia persona; ambas situaciones son curativas y terapéuticas.

¿Cuáles son los recursos disponibles, dónde podemos recurrir?

Existe varios servicios de atención para mujeres que han sufrido violencia de género aunque no son específicos para mujeres trans :

    Atención psicológica a las víctimas de violencia de género

  • Teléfono: 629 777 595
  • Dirección: Calle Espiñeira, n. º 10, bajo; 15706 Santiago de Compostela (Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia)
  • Dirección electrónica: copgalicia@copgalicia.gal
  • www.copgalicia.gal

    El Comité AntiSIDA da Coruña CASCO.

  • Servicio de atención psicológica
  • Calle Padre Sarmiento, 24 bajos.
  • Contacto: 981 14 41 51 / 604 08 56 63

    Centro de emergencia para mujeres víctimas de la
    violencia de género

  • Teléfono: 661 402 702 / Fax: 881 971 258
  • Dirección electrónica: centro.de.emerxencia@igualdadebenestar.org

    Centros de Información a las Mujeres

  • http://igualdade.xunta.gal/es/recursos/centros-de-informacion-las-mujeres

    Teléfono de información a las Mujeres 900 400 273:

  • Operativo 365 días al año, 24 horas

Daniela Ferrández

…Facer de policías de xénero, intentar determinar quen pode ou que non pode entrar, só incrementa a exposición a esa violencia. Poñémonos a debater sobre un montón de paradoxos mentres os agresores se lavan as mans e continúan coa súa tarefa. Hai uns anos, por exemplo, unha muller cis, actriz coñecida, foi agredida en Oviedo por uns ultras porque consideraron que era unha muller trans, e non foi nin a primeira nin a última vez que isto aconteceu…

Este 25N, como todos os anos, celébrase o día internacional contra as violencias machistas. Mentres que a meirande parte das mobilizacións, das campañas de concienciación e de actividades institucionais conciben esta data como unha data específica das mulleres cis, as mulleres trans reivindicades que tamén sodes obxecto deste día porque tamén sufrides violencia machista. Poderías explicar, en liñas xerais, como vos afecta esta violencia?

Dende o momento no que neste mundo ti es lida como muller o primeiro que aprendes é que tes de ter medo e que necesitas protexerte. E tes de ter ese medo polo simple feito de que esa lectura che expón a toda unha serie de violencias machistas que a día de hoxe están totalmente lexitimadas na nosa sociedade. É unha violencia estrutural que te relega constantemente a unha segunda posición, e que se pode expresar de múltiples xeitos, tanto nun consultorio médico, como nunha relación de parella como camiñando pola rúa. Non hai máis que seguir un pouco a actualidade para comprobar como as mulleres trans somos obxecto desas violencias constantemente. Asasinatos, violacións, agresións, abusos, acosos…

Recoñecer que existe violencia machista contra as mulleres trans difumina o propio concepto de violencia machista?

En ningún momento se negou dende o movemento trans que nacer con vulva implica unha serie de opresións específicas e que esas mesmas opresións fan parte da violencia machista. Refírome a ablación que se sigue a practicar en moitos países, á violencia obstétrica, e a outras violencias que, nós, como mulleres trans, nunca viviremos. Agora ben, recoñecer iso non nega que a violencia machista tamén ten outros xeitos de manifestarse e, que, nese senso, moitas desas manifestacións non dependen dos xenitais da vítima, senón do feito de que esta sexa lida como muller -ou, si se quere, como “non-home”, como un suxeito carente do privilexio masculino-. O que define esa violencia non son as particularidades da vítima, senón a mente duns agresores que se senten lexitimados para impoñer o seu dominio, a férrea idea, sementada por unha educación e unha sociedade machista e patriarcal, de que ten o dereito natural de estar por enriba túa.

De feito, cando os 25 N saímos a rúa a loitar contra esta violencia machista facémolo con toda a nosa diversidade, entendendo que se ben non todas a sufrimos igual, si que estamos unidas ante un inimigo común que se manifesta de múltiples formas. Entre as propias mulleres cis -e tamén nas trans- isto é evidente se analizamos como inflúen cuestións como a raza ou a clase, que multiplican as posibilidades de ser vítima destas violencias. Do mesmo xeito, non todas as mulleres cis posúen a mesma corporalidade, non todas xestan -como nos ven dicindo o patriarcado que ten de ser dende hai 300 anos-, non todas están expostas ao mesmo e do mesmo xeito. E, sen embargo, esa non é unha barreira para que todas berren unidas contra as violencias machistas que fan que todas, tamén as trans, comparillemos o medo de saír a rúa sendo quen somos.

Porén, sobre isto hai moita xente que di que non é o mesmo a violencia machista, que sería o que sofren as mulleres cis, que a transfobia, que sería o que sufrides vós…

Como dixen anteriormente, o que lexitima aos agresores non é o teñas entre as pernas, senón todo un sistema patriarcal que relega ás mulleres a unha segunda categoría. Eu mesma enfronteime a moitas situacións de acoso nas que o agresor non sabía o que eu tiña entre as pernas, non sabía mesmo que eu era trans. Situacións ás que todas estamos expostas, camiñando pola rúa, bailando nunha discoteca (…), e que se poden reproducir en calquera espazo público. Nese senso, se dicimos como me dixeron a min unhas youtubeiras coñecidas, as Towanda Rebels-, que non é o mesmo sufrir violencia por ser muller que sufrila por parecelo estamos desviando o foco do agresor cara a vítima, estamos creando dous categorías de vítimas con máis ou menos dereito a reivindicarse como tales e a revelarse contra o que as oprime. Facer de policías de xénero, intentar determinar quen pode ou que non pode entrar, só incrementa a exposición a esa violencia. Poñémonos a debater sobre un montón de paradoxos mentres os agresores se lavan as mans e continúan coa súa tarefa. Hai uns anos, por exemplo, unha muller cis, actriz coñecida, foi agredida en Oviedo por uns ultras porque consideraron que era unha muller trans, e non foi nin a primeira nin a última vez que isto aconteceu. E eu pregúntome como con estas cousas non nos damos conta que as violencias machistas teñen moitos xeitos de reproducirse, de amosarse, de golpearnos e facernos sentir medo a todas e cada unha de nós, e como, en consecuencia, interpélannos a todas, cis e trans, para unirnos nunha mesma loita.

Cal pensas que debe ser o primeiro paso para que se poña en valor esta realidade e as súas consecuencias á hora de falar de mulleres trans? Cal é a resposta institucional e pública que atopades ante estas reivindicacións?

Temos de ter en conta, como primeira máxima nesta loita, que o que non se nomea non existe, e, nese senso, invisibilizar que as mulleres trans tamén sofren violencia machista unicamente pode ser considerado como un mecanismo para lexitimala e perpetuala. O movemento feminista galego leva moito feito neste camiño, pois ata hoxe sempre atopou un oco nos cánticos, nos manifestos e nas reivindicacións para denunciar que as mulleres trans tamén sofren estas violencias, e, polo tanto, tamén son un obxecto dunha loita que nos atinxe a todas. Do mesmo xeito que mulleres que nunca imos parir témonos manifestado contra o peche do paritorio de Verín, pola defensa do dereito ao aborto e por tantas outras cousas que non imos vivir, sempre contamos con mulleres cis que cóbado con cóbado connosco entenden que a nosa loita tamén é a súa loita, e viceversa. Por desgraza, aínda queda moito que percorrer á hora de que as administracións recoñezan isto. A día de hoxe, o trans está excluído -e cada día máis- nas campañas do 25 N. Nas celebracións institucionais dalgúns concellos galegos como o de Coruña tense, incluso, vetado a nosa participación. Ha un fantasma de exclusión cara ao trans que percorre o país e o Estado que tenta illarnos, desposuírnos das alianzas construídas dende ha décadas, deixarnos soas e desprotexidas cara a esta violencia. Por sorte, iso non vai conseguir apagarnos, nin a nós, nin ás nosas reivindicacións. Seguiremos saíndo á rúa os 25N, os 8M e tódalas veces que faga falla, pois temos moi claro que o inimigo común, o patriarcado, só poderá ser derrubado cunha alianza interseccional de todas nós.